Aditivos alimentarios

Aditivos alimentarios: Cuáles requieren mayor control

La preocupación por los aditivos alimentarios y sus potenciales efectos sobre la salud es cada vez mayor entre la población. ¿Qué sabemos sobre ellos y por qué nos preocupan?

Aunque muchos son necesarios para garantizar la conservación y salubridad de los alimentos que compramos, también existen aditivos alimentarios sobre los que debemos prestar especial control ya que, por diversas razones, pueden suponer un mayor riesgo.

Qué son los aditivos alimentarios

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se denominan aditivos alimentarios a aquellas sustancias que son añadidas a los alimentos con el objetivo de mantener o mejorar algunas de sus cualidades.

Entre esas características de los alimentos que los aditivos alimentarios son capaces de mejorar se encuentran las siguientes:

  • Inocuidad: evitan que se alteren de modo que sean perjudiciales para la salud.
  • Frescura: los conservan por más tiempo.
  • Sabor: potencian un determinado matiz.
  • Textura: los hacen más apetecibles y agradables.
  • Aspecto: los hacen más llamativos para el consumidor.

Los aditivos son valorados por un comité de expertos a nivel internacional, para cuantificar su potenciales efectos perjudiciales, estableciéndose un límite en las dosis máximas de cada uno de ellos.

En realidad, el empleo de aditivos en los alimentos se remonta a siglos atrás. Uno de los más habituales es la sal (por ejemplo, en los pescados secos), el azúcar (en las confituras) o el dióxido de azufre (en el vino).

Naturalmente, la producción masiva de alimentos para su distribución en largas distancias ha ido suponiendo, a lo largo de los años, el uso de aditivos diferentes y más complejos.

Cuándo y para qué se usan

Pueden añadirse a ellos en distintos momentos de su preparación, ya sea durante su elaboración (aditivos directos) o durante el proceso de envasado, transporte y almacenamiento (aditivos indirectos).

Tipos de aditivos alimentarios

Los aditivos alimentarios se dividen en grupos según la función para la que se utilizan:

Aromatizantes

Se usan para mejorar el sabor o el olor de los alimentos y son los más empleados en la industria alimentaria. Los encontramos en una amplia variedad de productos, como en los refrescos, la bollería industrial, los cereales, o los yogures.

Los aromatizantes pueden ser naturales o artificiales. Entre los naturales destacan las frutas y los frutos secos, las especias y algunos derivados de las hortalizas o el vino. Los aromatizantes artificiales son sintéticos y suelen imitar los sabores de los naturales.

Preparaciones de enzimas

Las preparaciones de enzimas se utilizan, sobre todo, para mejorar la masa del pan o los pasteles, así como en el proceso de fabricación de zumos de frutas, en la fermentación de vino y cerveza y en la producción de quesos y otros derivados lácteos.

Conservantes

Ralentizan el deterioro de los alimentos minimizando el efecto de la atmósfera, el moho o las bacterias, evitando su contaminación.

Colorantes

Hacen los alimentos más atractivos a la vista potenciando o cambiando su color.

Emulsionantes

Algunos productos necesitan de una emulsión para adquirir su textura y viabilidad alimentaria. Los emulsionantes se emplean para evitar que sus ingredientes se separen.

Estabilizadores y espesantes

Mejoran la textura de los alimentos, haciéndola, por lo general, más uniforme y apetecible.

Antiapelmazantes

Absorben la humedad para evitar que los productos en polvo, por ejemplo, se compacten.

Intensificadores el valor nutricional

Añaden vitaminas, minerales u otros nutrientes a muchos alimentos para potenciar el valor nutricional del producto final.

Lista de aditivos alimentarios sobre los que se debe tener especial control

Los aditivos pueden contener químicos que resultan tóxicos si se consumen en cantidades determinadas que, generalmente, son elevadas.

Sin embargo, es bueno conocer la lista de aditivos y conservantes con mayores efectos nocivos para la salud, para poder ofrecer productos de mejor calidad:

  • Colorantes artificiales:  marrón FK (E-154),  carmoisina, (E-122), amarillo anaranjado S (E-110) o rojo Ponceau (E-124), entre otros.
  • Edulcorantes artificiales: como el aspartamo (E-951) o la sucralosa (E-955).
  • Bromato de potasio: estabilizador de gluten presente en masas y panes (E-924a).
  • Glutamato monosódico: potenciador de sabor (E-621).
  • Sulfito de sodio: conservante que evita la proliferación de hongos y bacterias (E-221).
  • Nitrato de sodio: conservante que evita la proliferación de hongos y bacterias (E-251).
  • BHA (butilhidroxianisol): previene la oxidación de las grasas (E-320).
  • Dióxido de azufre: hay varios tipos, pero se usa generalmente como conservante que evita la decoloración de los alimentos y la proliferación de microorganismos (del E-221 al E-228).

Aunque el uso de aditivos alimenticios se remonta a la antigüedad y aporta importantes beneficios en la conservación y la mejora de algunas cualidades de los alimentos, en la actualidad los procesos de elaboración alimentaria en masa y su transporte y distribución pueden llevar al uso de aditivos perjudiciales para la salud de los seres humanos, muchos de ellos incluidos particularmente en productos procesados y refrescos.

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