Óxido de etileno en alimentos: cuáles son sus riesgos

La frecuente presencia de óxido de etileno en alimentos de procedencia ajena a la Unión Europea se ha convertido en un quebradero de cabeza de primer orden para las autoridades sanitarias de la UE.

Baste decir que en los últimos meses se han retirado en toda Europa, incluida España, miles de lotes de productos alimentarios por esta causa. Y es que una mínima presencia de óxido de etileno es motivo suficiente para que cualquier producto deba ser eliminado de los estantes de los supermercados, de las industrias alimentarias y de los almacenes mayoristas.

Qué es el óxido de etileno

El óxido de etileno se utiliza en la fabricación de diversos productos industriales y como agente esterilizador en algunos hospitales.

Adicionalmente, es un potente insecticida y plaguicida muy utilizado en ciertos países, muy especialmente en aquellos que están en vías de desarrollo.

Este último uso está prohibido en la Unión Europea, así como la comercialización de alimentos que hayan sido tratados con el producto o puedan haber estado en contacto con el mismo.

La prohibición se debe a que están comprobados científicamente sus efectos cancerígenos, mutagénicos y reprotóxicos.

Riesgos del óxido de etileno en alimentos

Los efectos de una exposición aguda al óxido de etileno son la depresión del sistema nervioso central y la irritación de ojos y mucosas.

La exposición a largo plazo a pequeñas fracciones de óxido de etileno puede causar, además, problemas en las vías respiratorias, así como daños permanentes en el cerebro y el sistema nervioso.

Los ensayos médicos indican que el óxido de etileno es cancerígeno para los seres humanos y que la exposición a mínimas cantidades de óxido de etileno aumenta el riesgo de cáncer linfático y, en las mujeres, de cáncer de mama.

Igualmente están verificados los riesgos para la salud reproductiva de las personas.

No hay un nivel de exposición seguro y, por tanto, el óxido de etileno es una sustancia de alto riesgo para la salud humana.

Por eso es imprescindible evitar a toda costa la más mínima presencia de óxido de etileno en los alimentos.

Alimentos donde podemos encontrar óxido de etileno

Además de estar presente en numerosos productos procesados que contienen o pueden contener sésamo, como las mezclas de semillas, las barritas de cereales, las galletas, el pan con semillas o la bollería, en Europa se han encontrado muestras positivas de óxido de etileno en otros muchos productos, como el jengibre, la cebolla en polvo, el café, el cilantro, el trigo la pimienta, el apio, la cúrcuma, el plátano o la espirulina.

Son susceptibles de contenerlo todas las frutas, verduras, aceites, legumbres y cereales que procedan de países emergentes o en vías de desarrollo.

El problema es aún mayor, ya que cualquier alimento elaborado o ultraprocesado que contenga entre sus ingredientes derivados de los alimentos indicados, puede contener óxido de etileno.

Un ejemplo es el espesante E410, conocido coloquialmente como goma de garrofín o algarroba, utilizado habitualmente en la industria heladera, del que recientemente se han detectado lotes provenientes del extranjero que contenían trazas de óxido de etileno.

Cómo sortear los riesgos

Queda claro que el uso de óxido de etileno como plaguicida en terceros países donde su uso no está prohibido no es un problema aislado de un producto ni de un origen concreto.

Por lo tanto, para curarnos en salud, deberíamos evitar adquirir lotes alimentarios de las materias primas reseñadas cuando proceden de países cuya normativa sanitaria puede calificarse de poco fiable, por no decir que inexistente.

Y lo mismo decimos si se trata de productos alimenticios elaborados o ultraprocesados, siempre que sus ingredientes incluyan dichas materias primas o derivados de las mismas.

Los profesionales hosteleros y alimentarios que imperativamente han de comerciar con grandes lotes procedentes del extranjero y estén interesados en descartar la presencia de óxido de etileno en esos alimentos, tienen una solución ágil y económica: utilizar los servicios de un laboratorio de análisis de alimentos para disipar cualquier duda.